Ascensores: ¡Qué pesadilla!

 

imgen de ascensor lleno

 

 

 

Cuantos años escuchando las mismas frases y coletillas, poniendo cara de palo para evitar el gesto de cansancio o enfado, cuanto estrés acumulado y cuánto tiempo perdido.

Este podía ser un buen resumen de las sensaciones que me inundan mientras aguardo su llegada en las ocasiones en que me parece que no puedo evitar tomarlos.

 

 

Posiblemente no sea una sensación compartida con la mayoría de vosotros, pero si trabajarais en el mismo hospital que yo, la reconoceríais inmediatamente como propia. Mi centro se inunda cada mañana de profesionales, usuarios y de un espécimen propio de mi hábitat, el paseante o visitador. ¿Qué diferencia mi entorno profesional de otros similares? Buena pregunta, creo que el más importante es el “buenismo” imperante en puestos de gestión que realmente esconde la cobardía por tomar decisiones incómodas.

En un hospital situado en mitad de la ciudad, es fácil que sin control de entrada, una parte de la población decida que es normal ir a visitar al vecino, amigo o familiar. Lo  que la razón dicta es que los pacientes ingresados, en situación habitualmente de indefensión y debilidad, deberían ser protegidos en su descanso e intimidad por los que tienen el poder para ello. Es decir, deberían dictarse unas normas que los defiendan: existencia de horario de visitas, control del número de visitantes, identificación  de la categoría. Estos son mecanismos habituales en la mayoría de los centros hospitalarios y parece una medida lógica, bien entendida por la mayoría de la población. ¿Por qué entonces solo se recuerda su conveniencia con mensajes a través de altavoces (molestos) y carteles (que evidentemente no se asumen) en vez de exigirlo?

Desde luego nuestras autoridades no pueden alegar desconocimiento de la situación real, pues es una protesta repetida en distintos foros, incluyendo las reuniones de la junta facultativa del centro. A esas protestas suelen responder con que se solucionará a través de las reuniones de participación ciudadana o similares. Bien, podría ser un primer paso si habláramos de una situación nueva, pero llevamos años sin estas normas, sin control de acceso al hospital, la entrada principal no tiene asignado un  profesional de información o vigilancia. El personal de cada sección no puede  enfrentarse diariamente a los que molestan el descanso del compañero de habitación o el trabajo de los profesionales.

Los directores de los centros deberían asumir el control de la entrada en el hospital, la población lo entenderá y agradecerá.

Mientras, cuando espere subir a la décima planta,  me prepararé para escuchar las mismas coletillas: “Buenoooo, ya bajará” cuando suben en un ascensor los que lo han parado para ir en sentido contrario o  “Hasta que no pite se puede entrar” mientras somos aplastados al fondo por individuos que bien podrían ser compactadores de Ikea , y reconocemos nuestra suerte si no nos pilla los pies algún carrito.

Ah, ¿Es que no lo había dicho? En mi centro los mismos ascensores se usan para enfermos encamados (pobres), profesionales, visitantes y paseantes, aunque cartelitos que dicen lo contrario no faltan, ¡qué lindos!

Normativa de régimen interno en materia de acceso y permanencia de personas en el complejo hospitalario de Cáceres https://www.areasaludcaceres.es/docs/files/1327img.pdf

4 comentarios sobre “Ascensores: ¡Qué pesadilla!

  1. Mal endémico de nuestra sociedad sureña, ¿o no tanto? Bien es cierto que los males que describes por la falta de control de los horarios de visita en la mayoría de los hospitales púbicos de España son ciertos. Provocan incomodidad, falta de descanso a los pacientes, problemas de intimidad, incidencias de seguridad, dificultades de trabajo a los profesionales e incluso infecciones cruzadas.
    Pero yo quiero romper una lanza por esa filosofía de las visitas y del acompañamiento, tan del sur de Europa, no sólo de España. ¡Qué tristeza de hospitales donde tantos pacientes están abandonados y solos, como es muy normal en los hospitales del norte de Europa! Esa compañía también cura y aporta cuidados a los pacientes, aunque sea emocionalmente. Y creo que ese aspecto es muy importante para enfrentarse a los diagnósticos y tratamientos que deben sobrellevar los pacientes.
    La política de puertas abiertas, con un uso racional y no abusivo, es una medida que aporta valor terapéutico por sí misma. Un ejemplo claro es la famosa terapia “piel con piel” ya innegociable en todas las unidades de neonatología y pediatría. Por no hablar de las ayudas innegables que supone la presencia de familiares a unos profesionales tan abrumados por las cortas dotaciones de personal de nuestra sanidad (aunque a veces también generen problemas e incluso agresiones, siendo estas las menos). En definitiva, con un poco más de educación cívica, el resultado de esta política sería mucho mejor para todos.

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  2. Hace años que se viene vendiendo el tema de las habitaciones individuales como mejora de la satisfacción de los pacientes ingresados, mejora su intimidad. Sin duda no es agradable tener que “compartir” las ventosidades del enfermo de al lado, sus cuñados cuando llegan a visitarlo ni la maquinita que tiene enganchada al suero haciendo pi-pi-pi-pi de vez encuando cuando le entra una pompita de aire. No, no es plato de buen gusto. Pero ojo, como todo no hay una solución fácil. He conocido muchas personas que me han contado en la consulta de Atención Primaria lo malito que estaba su COMPAÑERO, si en mayúsculas, porque algunos establecen un vínculo emocional que generala situación de indefensión que te produce la enfermedad. Otros hablan maravillas de la suegra que se quedó un ratito con el otro enfermo de al lado, permitiendo que su cuidadora fuese un momento a ducharse a la casa, que llevaba 3 días ahí encerrada. Estamos de acuerdo que la idiosincrasia de algunas poblaciones es de ser follonera, maleducada, gritona, metomentodo e incívica, pero a veces esa misma cultura es solidaria, compresiva, compasiva y empática. El reto está en sacar lo bueno de la gente y dejar fuera del Hospital y de los Centros de Salud los comportamientos que no aportan.

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    1. En respuesta a los dos comentarios:
      Evidentemente me he explicado mal.
      ¿En qué momento he escrito de habitaciones individuales? ¿En cuál he dejado sentir que las visitas son inadecuadas? y por favor ¿Cuando he dicho que la idiosincrasia de la población de mi ciudad es follonera, maleducada, gritona, metomentodo e incívica?
      ¿Alguien está en desacuerdo con que los niños en UCI o en incubadoras estén piel con piel con sus padres? No seré yo.
      Estoy en desacuerdo con no tomar el control en la política de visitas.
      Estoy en desacuerdo con que un paciente ingresado tenga que aguantar a un montón de familiares de su vecino de habitación durante horas
      Estoy en desacuerdo con que el trabajo de los profesionales se vea entorpecido por los pasillos llenos de visitantes por las mañanas.
      Estoy en desacuerdo con esa política de puertas abiertas, que deja al arbitrio de la población el uso racional y no abusivo, ya se ha demostrado (en mi ámbito) que no sirve. Que aunque la mayoría de la población es educada, solidaria, compresiva, compasiva y empática, debemos asumir la responsabilidad de garantizar el descanso de los pacientes y un ambiente laboral adecuado.
      Saludos compañeros

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  3. El tema que has tratado me apasiona porque creo que la humanización de los hospitales es fundamental pero el exceso trae problemas. Mi experiencia personal es que hace 10 años decidimos que una UCI de pediatra fuera de puertas abiertas 24 horas con la presencia de uno de los padres de manera permanente allí. La experiencia ha sido extraordinaria con algunas matizaciones con determinados familiares que da igual que estén en un hospital, banco o en el mercadona, ya que su comportamiento sera siempre nefasto. Pero en global a pesar de las reticencias iniciales por parte de enfermería, en la actualidad es inconcebible que no estén allí acompañando a sus hijos. Entiendo perfectamente lo que describes en tu post de un hospital que parece como decimos en Málaga “la calle Larios” donde la gente viene a charlar con el familiar, que también ha venido a visitar al enfermo, o medio pueblo acude a la visita por “quedar bien” sin respetar el descanso de otros pacientes e incluso del mismo al que han venido a visitar ( Nunca dirá que le molestan las visitas aunque así sea); y esto en las maternidades aún es mas terrorífico donde esa señora que acaba de parir se encuentra que por su habitación pasa medio vecindario y familia para tocar a su recién nacido ( todavía desprotegido ante el mínimo proceso infeccioso), traen regalos y flores( que posteriormente cargaran al coche en varios viajes como si estuvieran en IKEA) o para tener que estar pendiente de su estado físico ( maltrecho tras horas de trabajo de parto). Yo soy partidario en estos casos de prohibir las visitas salvo la que ayude o acompañe a la paciente. Esa madre y niño estarán pronto en su casa y es el momento para planificar las visitas. Humanización si pero respeto al descanso y a la intimidad aún más.

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